Los saltamontes, y más concretamente las langostas, son unos de los principales consumidores de plantas del mundo animal. Su voracidad es imparable, por lo que en no pocos casos se han convertido en auténticos azotes para los cultivos ya desde la Antigüedad.

La aparición de plagas de langostas ha constituido una preocupación para el ser humano desde que la agricultura se convirtió en sustento principal. La Biblia ya hace referencia a estos insectos como una de las siete plagas que asolaron Egipto como castigo divino. Sin embargo, estos enjambres, capaces de devastar extensos territorios y dejarlos absolutamente despojados de vegetación, representan tan solo episodios puntuales, aunque catastróficos, de la biología de algunas especies de langostas migradoras.

Durante la mayor parte del tiempo, las langostas (Locusta migratoria) se comportan como cualquier otro saltamontes, y sus poblaciones son controladas por la gran cantidad de depredadores que poseen en su entorno natural. Sin embargo, en determinadas circunstancias se produce un drástico cambio en su comportamiento e incluso en su aspecto físico que da como resultado la formación de enormes enjambres que inician un desplazamiento masivo, asolando todo cuanto encuentran a su paso.

Los científicos han podido descubrir que uno de los factores que incitan al cambio en el comportamiento de estos saltamontes es la densidad de las puestas en año especialmente favorables en recursos alimentarios. Cuando las hembras son capaces de depositar un elevado número de otecas en el suelo y la acción de los depredadores no logra reducir su cantidad hasta los límites considerados normales, tiene lugar una masiva eclosión de ninfas, que ocupan todos los rincones del ecosistema en el que se han desarrollado. Esto hace que el contacto entre ellas sea casi constante, y es precisamente este roce continuo entre diferentes ejemplares el factor que desencadena el desastre. Las langostas cambian su color verde o marrón por otro mucho más vivo, en tonos amarillentos, y en grupos de varios cientos de millones de ejemplares devoran la vegetación del lugar en el que se encuentran; una vez asolado, inicial el vuelo hacia otras zonas en las que el aliento sea abundante.

Sin embargo, en condiciones normales las langostas no representan una amenaza para los intereses del ser humano.

Por ello, en Hisal Control de Plagas  actuamos cuando se cataloga como «plaga», ya sea de cucarachas, hormigas, ratones, ratas o cualquier otro insecto con dicha denominación. Somos una empresa de fumigación en Almería y, además, disponemos de Productos de Control de Plagas de Gama Doméstica contra cualquier tipo de insecto o roedor.

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